jueves, 12 de junio de 2008

Calles híbridas


Buscando paliar la falta de combustible generada en los últimos días por los incontables reclamos municipales, gremiales y rurales, el Gobierno de la Provincia ha modificado, luego de una serie de reuniones con equipos técnicos (que incluyeron a ingenieros, cartoneros, literatos, linyeras y filósofos), el original funcionamiento de las calles.
Desde ahora, los destruidos senderos de asfalto estarán disponibles para el uso tanto de peatones como para el resto de los vehículos que anteriormente circulaban por estos territorios, ahora novedosamente poblados.
Cabal ejemplo de esto, apreciable en la fotografía de reciente factura, son las flamantes hordas de caminantes que, con distintos rumbos y ritmos, circulan por las calles híbridas. En la imagen se puede apreciar a los nuevos soberanos del pavimento esperando que el bermellón del semáforo desaparezca cediendo presencia al verde del avance, mientras efectivos policiales controlan que el tránsito no se desborde.

miércoles, 4 de junio de 2008

Cinco píldoras

Lo que sigue son palabras, sensaciones, surgidas de otras palabras.
Pastillas, en fin.

Abulia:
El sol está por cruzar el horizonte, cediendo paso a la incipiente oscuridad. Cuando el disco solar estaba en su máximo esplendor, José había decidido tenderse en la reposera de su balcón a dejar pasar las horas.
“Después de todo, qué es un dos; solo es una nota más”, pensó.
Y ahí lo vemos, confundido con las sombras.

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Trastorno obsesivo compulsivo:
Suena un teléfono.
- Hola.
- ¿¡Dónde estás!?
- En lo de Sandra amor.
- ¿¡A qué hora volvés!? Es tarde ya.
- Amor, son las siete. En un rato voy para casa.
- Bueno idiota, hacé lo que quieras. ¡Siempre fuera de casa vos!

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Placidez cósmica:
La nieve cae raudamente sobre la espesura del monte, mientras el azote del viento sacude todo en su acompasado vaivén. El frío cubre la tarde con una inmovilidad espectral.
Desde la cabaña, mientras tomo café a escasos metros de un abundante fuego, la tempestad se asoma amable por la ventana.

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Placer sensual:
El farol de la calle, insolente rival de la noche, se deja percibir a través de las cortinas rojas de tu cuarto. El ambiente, lleno a más no poder de un escarlata oscuro y potente, te decora de un modo sutil, envolvente.
Desnuda, extendida boca abajo a un costado de la cama, caminás por un sueño que yo no alcanzo. Me siento tentado a tocarte en un vil y egoísta movimiento que te saque de un mundo al que nunca accederé.
Elijo mirarte, en cambio, y con ese goce me voy perdiendo en mi propio universo onírico.

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Furia incontenida:
Al entrar en mi habitación vi la tétrica escena.
Mirta, apoyada contra una pared, sostenía el cuchillo con el que hace unos minutos había matado a Ludmila, mi Ludmila...
Lo supe; en ese instante lo supe: Era mi turno de matar.

domingo, 1 de junio de 2008

El mesiánico y anacrónico ladrido


A continuación, un texto extraído de Prensa Red.
Lean, es tan necesario…

El ex jefe del III Cuerpo de Ejército asumió ser el “único responsable” de las acciones de sus subalternos y desplegó su gastada teoría de que las fuerzas armadas salvaron a la Patria del "terrorismo subversivo". Y hasta se dio el lujo de citar a Lenín y Gramsci para denunciar las nuevas estrategias de la "infiltración marxista".

Por Alexis Oliva

Por si a alguien le quedaban dudas de que no se está juzgando a un abuelo indefenso, Luciano Benjamín Menéndez habló. Con voz firme, apenas mellada en su timbre por su provecta edad, pronunció su discurso de siempre, levemente retocado y adaptado para el tardío trance judicial que atraviesa junto a siete de los que consideró "dignos subordinados", que luego de la alocución de su jefe aprovecharon para declararse inocentes.

Al decir lo de siempre, Menéndez pareció rejuvenecer y parecerse en algo al otrora omnipotente jefe del III Cuerpo de Ejército que supo encabezar lo que volvió a definir como una cruzada "contrarrevolucionaria", en la que resultó derrotado "el terrorismo subversivo que desafió a la República".

Invitado a declarar por Jaime Díaz Gavier, presidente de un Tribunal Federal que el reo volvió a desconocer, Menéndez admitió ser el "único responsable" de la política represiva de la que los secuestros, torturas y asesinatos de Humberto Brandalisis, Hilda Flora Palacios, Carlos Lajas y Raúl Cardozo son sólo una muestra.

"Yo como comandante fui el único responsable de la actuación de mi tropa. A mis dignos subordinados de entonces no se les puede imputar nada ni privarlos de la libertad como injustamente se ha hecho", fueron las palabras con que formuló la teoría de la "obediencia debida".

Pero Menéndez fue más allá, al actualizar su hipótesis conspirativa: "Se da la paradoja grotesca de que los terroristas subversivos que asaltaron la República en los años 60 y 70 para instalar sus grises organizaciones marxistas de importación, ahora se refugian y usan esas mismas instituciones democráticas para juzgarnos".

Hasta se tomó la libertad de citar autores impensados en su biblioteca, como Vladimir Illich Lenín. A él atribuyó una frase con que intentó ilustrar la estrategia de su enemigo izquierdista luego de su derrota militar: "La paz es la continuación de la guerra por otros métodos". Pero también apeló a otro continuador de la doctrina de Carlos Marx, el italiano Antonio Gramsci, para señalar que "ahora usan la táctica gramsciana de infiltrarse en las instituciones para atacar a la República desde adentro".

"No quiero ser cómplice de este doble crimen", leyó solemne. Y por eso insistió en que se niega a declarar "ante nadie que no sea mi juez natural", es decir, la justicia militar que solía impartir el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas.

Por último, reprochó que la Argentina es "el único país donde compatriotas juzgan a sus soldados victoriosos" y cuestionó a la Justicia por "facilitar a los marxistas el uso de los medios constitucionales para hundirnos en el abismo de la ilegalidad", para "regocijo y éxito de quienes quieren reemplazarlos por su burdo remedo comunista".

A la palabra de Menéndez sucedieron unos segundos de silencio en los que el auditorio se esforzaba por regresar al presente, como después de haber sido secuestrados por una máquina del tiempo y llevados ida y vuelta al oscuro planeta de la "Seguridad Nacional".

Algunos seguidores atentos de anteriores proclamas del represor, hurgaban en su memoria para intentar detectar elementos nuevos en su discurso. Pero no encontraron casi nada.

Extraído de: http://www.prensared.com.ar/
Ilustración: Hermenegildo Sabat

lunes, 26 de mayo de 2008

Quién diría

Estamos en Haedo y corre el año 1.908.
Álgido picado está por jugarse en la calurosa siesta.
Se realiza el correspondiente pan y queso y, una vez definido, Eleuterio empieza a elegir. Poco a poco una nutrida fila de niños se va reduciendo hasta que queda solo uno, el jugador impar de una espontánea convocatoria.
Los seleccionadores de turno no quieren al sobrante en su equipo, aunque finalmente él termina yendo del lado de Felipe, quien lo recibe entre rezongos, quejas, y con la vergonzante orden de defender el par de maletas que, separadas entre sí por diez pasos, forman un arco.
Disconforme, rígido y absolutamente reacio a la cruel decisión, nuestro protagonista parte, enculado, a su casa.
Quién diría, Jorgito Luis, quién diría que esa tarde terminarías la traducción que habías comenzado hace unos días y nunca más volverías a jugar con ellos.
Dejalos, dejalos que se queden con su fútbol. Ya encontrarás algo mejor que hacer.

domingo, 18 de mayo de 2008

¡Guachau!

Guan, chu, fri... De ahí no me sacaban y estaba conforme, tranquilo.
Con esto de que el inglés sirve para todo el que quiera “ser alguien”, unos meses atrás mis viejos decidieron que comenzaría a estudiar. Y ahí me tenían, cada tanto, repasando los jelou, los gudbai, o los jauariu.
Estaban buenas las clases, pero el tema es que mucho no cazaba.
Un día, como para que se den una idea, nos pidieron que hagamos un glosario con las palabras que no entendíamos de un texto. Creo que eran dos páginas, pero estuve como tres horas con el diccionario.
La cuestión es que mucha bola no le daba a la cosa.

Hasta anoche.

Caminaba por la calle en dirección a lo del Pocho. Íbamos a tomar unas cervecitas, algo tranqui, y pegaba la vuelta.
De repente, mientras cruzaba la avenida sentí que gritaban atrás mío. Fuerte gritaban. Me doy vuelta y veo que era un flaco alto, que me miraba y gritaba ¡guachau, guachau! No entendí mucho.
Hasta que recobré el conocimiento, ya en el hospital. Dicen que el auto era un gol de los viejos, esos cuadraditos.
Hace un rato, repasando los minutos previos al choque con mi hermanita, ella me dio una nueva lección.
“Watch out, Nico, quiere decir cuidado”, dijo la insolente.